Miquel Mascort
Director de Galería de Arte El Claustre
Jordi Isern, con innatas cualidades en el mundo de la pintura, nos ofrece temas paisajísticos de nuestras tierras con una madurez y un “savoir faire”, que nos cautivan y lo equiparan a los grandes maestros paisajísticos catalanes. Tiene una paleta de colores sólidos, valientes cuando conviene y delicados cuando el tema lo requiere y todo con una firme formación pictórica no exenta de toques de artesanía -no entendida como la versión popular de simple mecanismo y sin inspiración- sino como el concepto de poseer oficio, de pertenecer a una escuela y de llevar el legado de la tradición, tal como afirmaba el gran maestro Eugeni d’Ors.
Jordi Isern es una figura importante y consagrada de la pintura catalana y en el panorama actual donde cualquier cosa es considerada Arte, seria conveniente que se tuvieran en consideración -otra vez- los conceptos de inspiración, calidad y formación que posee la obra de Jordi Isern.
Josep M. Cadena
ISERN Y LA CALMA DEL ESPÍRITU
Aunque nacido en Barcelona en el año 1969, Jordi Isern es pintor de l'Alt Camp, de la Garrotxa y, en general, de las tierras del interior de Cataluña, aunque también ha manifestado su interés artístico y humano por otros lugares geográficos cuando el azar o la curiosidad creativa lo han llevado a conectar con ellos. Escogió como residencia habitual la vila de Alcover, de donde es originaria su familia paterna, para encontrar desde allí la satisfacción de captar la historia que aún conservan las antiguas calles, plazas y casas que se encuentran relacionadas con el misterio de la naturaleza. Porque es especialmente en los campos de trigo y fajol, tan verdes cuando crecen y tan amarillos cuando maduran; en los cielos que se nublan; en las montañas que presiden desde la lejanía; en los riachuelos que transitan entre prados y en las masías que todavía quedan, cuando sus sentidos se afinan y, entusiasmado por lo que encuentra pero con sentido claro de lo que necesita hacer como pintor, describe lo que ve y siente.
La figuración de Isern nunca rehúye la representación de paisajes que su sentido innato de la belleza y que la gran capacidad que posee de relacionar colores le llevan a escoger. Dispone de una muy trabajada técnica y sabe combinar los efectos pictóricos para conseguir los efectos que busca. Pero esto, no le es nunca suficiente. Necesita de la emoción y voluntad de construir una obra, hecha cuadro a cuadro, en la que quede bien reflejada la afirmación de que la tierra es mejor que el ser humano que la señorea y se sirve de ella. Por que, a pesar de todos los ataques que padece desde que el mundo es mundo nunca deja de dar frutos i de invitarnos a que apacigüemos nuestro espíritu después de inevitables tormentas y hagamos, unidos y bien avenidos, la obra coral que nos pertoca.
Pintura de paz, basada en el hecho repetido y siempre nuevo que ofrece la Naturaleza en la cual vivimos inmersos, aunque muchos son los que no lo quieren ver sino es en momentos de descanso o vacaciones. Isern nos lo hace ver, pero, con una constante a la que se puede llegar contemplando sus cuadros. La idealización que hay en ellos nunca deja de encontrarse conectada con la realidad existente y que es como un Paraíso que podemos tocar y visitar si sabemos aprovechar nuestras capacidades cognitivas de la misma manera que lo hace este artista. Nuestra sociedad es la actual, pero para que podamos fluir verdaderamente de ella tenemos que sentir que enlaza tanto con el pasado, como con el futuro por lo que hace a lo que es esencial, dentro de la relación con el entorno y con el deseo -¿por qué no?- de eternidad.